La visita a un instituto que enseña el idioma francés
November 6th, 2007 by postwriter1Cuando fui por primera vez al instituto que me recomendó mi hermano, tenía algunas dudas. Dudas que se centraban en el estilo de aprendizaje. Por una parte, José, mi hermano mayor, me había dicho que sus clases de francés fueron excelentes mientras que para Augusto, un amigo del trabajo, fueron decepcionantes. Dos historias, un mismo centro de idiomas. Lo único que me quedaba por hacer, luego de las referencias dadas, era comprobarlo por mí mismo. En sí, mi vida siempre se ha guiado por los riesgos. Y este no iba a estar exento a esta regla. Por eso, fui al instituto y averigüé sobre una diversidad de aspectos. Horarios, calidad del material didáctico, uso adecuado de la Internet y del material audiovisual. Además, también pregunté sobre la clase de actividades grupales e interculturales que el centro de idiomas ponía a disposición de los alumnos. En sí, una serie de detalles que en su conjunto me iban a permitir poder comprobar de manera efectiva cual de las dos recomendaciones era la correcta. La de mi hermano o la de mi amigo. Bueno, al comenzar la charla, el trato fue muy amable, y los folletos que me entregaron estaban muy bien estructurados. No cabía duda eso. Tan solo encontré un pequeño defecto. La señorita que me estaba atendiendo, se demoraba mucho en contestarme porque estaba recibiendo una llamada telefónica importante. No era excusa para molestarse aunque debido al tiempo de la llamada, la espera se hizo molestosa. Hasta ese momento, no había ningún punto en contra. Después, de concluida la llamada, la charla se centro en todas las opciones y beneficios que me ofrecía el centro de idiomas. Según las palabras de la señorita, no iba a encontrar otro instituto de idiomas en la ciudad que me pudiera enseñar de tal forma el francés como ellos lo hacían. Al principio me mostró datos estadísticos y otras referencias para convencerme, sin embargo, nuevamente una llamada volvió a ser un motivo de espera. Este hecho si me molestó un poco, porque ya era la segunda vez que pasaba. No obstante, lo pasé por alto nuevamente. Terminada la conversación telefónica, la señorita procedió a mostrarme las instalaciones del local y a presentarme algunos de los profesores que me iban a enseñar la lengua francesa a lo largo del curso. Esta parte fue interesante ya que pude apreciar el desempeño de algunos docentes al momento de impartir las clases. Cuando caminaba por los pasillos del centro de idiomas, junto a la señorita, pude apreciar como en un salón de clases, un grupo de alumnos, aproximadamente de quince años, estaban realizando una actividad grupal que combinaba la música y la pronunciación. Me quedé asombrado por la calidad y eficiencia con la que ese estaba llevando el trabajo, y sobretodo, por la respuesta de los alumnos. Se notaba que existía un vínculo fuerte entre estos y su profesor. Luego de mi sorpresa inicial, seguimos avanzando y regresamos al lugar en donde estaba charlando en un principio con la encargada de la recepción. En todo el trayecto y en general, a lo largo de la conversación, medité todos los beneficios y las complicaciones que me podrían ocurrir si es que estudiaba en este instituto. Sin embargo, la decisión que tomé al final fue la correcta. Mi hermano tenía razón. La calidad de este centro de idiomas es muy buena. En el caso de mi amigo, su aprendizaje se vio estancado debido a la falta de constancia que éste mostraba en las clases.
A los pocos días de haberse producido mi visita, volví y me matriculé. En dos días comienzo a estudiar esta lengua tan importante en el mundo de hoy. Idioma que ya no solo se estudia por una cuestión de estilo sino por una cuestión de progreso. Tan solo queda esperar como me desenvolveré en estos primeros días y comprobar la afirmación que líneas atrás mencioné. O sea, que la calidad de este instituto es muy buena.