Aprendiendo idiomas para viajar sin salir de casa
February 8th, 2008 by caitriona
El interés por la lectura es capaz de alcanzar niveles pocas veces esperados, es el caso de Pierre, un joven como cualquiera que nosotros que siempre tuvo apego a ala lectura. Desde muy pequeño esta afición se la fue cultivando su padre, diariamente lo llevaba a comprar el diario y luego a leerlo. Fue su padre quién le obsequió su primer libro: “Viaje al centro de la Tierra” de Julio Verne, y desde ese momento no dejó de tener un libro entre las manos. Durante su adolescencia, mientras los demás chicos de su edad descubrían nuevos juegos, nuevas formas de patear la pelota y nuevos lugares a donde llevar a las chicas; Pierre iba descubriendo a Cortazar, a García Márquez, a Borges y a Poust. Tenia una fascinación por la narrativa de fantástica, le fascinaba las curiosidades de Borges, la magia de Macondo y la descripción majestuosa de La casa verde de Vargas Llosa. Fue, durante su primera juventud, un chico dedicado íntegramente a los libros de literatura.
Y fue a los quince años cuando llegó a la conclusión de que los mejores libros no los encontraría en español, ya leyendo a cualquier escritor latinoamericano, sentía la curiosidad de poder leer más de los escritores europeos, a los filósofos, a los anglosajones; pero debía esperar mucho tiempo para que alguna editorial imprima las versiones en español. Fue así como un día decidió que aprender un segundo idioma era más que necesario, y lo hizo. Se dedicó a aprender el francés, por su cuenta, leyendo y repasando entrevistas y reportajes en francés e intentando entenderlos gracias al apoyo de su abuelo que sabía algo de ese idioma. Fue difícil, hasta que luego de mucho esfuerzo, logró convencer a sus padres para que lo inscriban en un instituto especializado en la enseñanza de francés.
No le fue difícil, porque según iban avanzando las clases, más tiempo iba dedicando a la lectura de libros, folletos y revistas, poco a poco iba descubriendo a literatos franceses, descifrando párrafo a párrafo como si desenterrara un tesoro. Mientras, seguía con su solitaria costumbre de devorar libros, ahora con la posibilidad de devorarse poco a poco los de origen francés. Los que lo conocían se habían acostumbrado ya verlo –o escucharlo- hablar en francés a solas, lo que hacia era repetir y repetir lo aprendido para lograr captar cabalidad la fonética, pero de lejos parecía ya un personaje falto de cordura que se distraía hablando solo. Lo que hacia en realidad, era dedicarse por completo a la tarea de aprender francés.
Y lo hizo en dos años, aprendió el idioma del país del amor y se dedicó a leer a casi todos los autores clásicos franceses. Pierre estudiaba periodismo, pero le importaba poco trabajar en algún diario, pocas veces se preocupaba por buscar trabajo referente a su profesión, únicamente se dedicaba a la lectura, y a la redacción de crónicas y reportajes, casi todos basados en la vida y obra de autores clásicos. Tiempo después, le desertó el interés por seguir aprendiendo otro idioma, esta vez fue el inglés, un idioma necesario para el aspecto laboral y útil también para ampliar el bagaje literario. Fue así como a los pocos meses, ya se encontraba estudiando inglés en un instituto norteamericano. Luego del inglés vino el italiano, y lo último que supe es que estaba hablando portugués. Nunca ha ejercido su profesión más que como columnista de diarios, es principalmente traductor e investigador.