Andrew, el portugués y el despertar de los recuerdos
September 17th, 2007 by caidenCiertos viajes dejan huellas en las personas. Para los que han podido gozar de la posibilidad de viajar alrededor del mundo, esta es una realidad. Esta afirmación se puede observar en las huellas de índole personal, laboral y cultural, que se graban en la mente de las personas que se han deleitado con las experiencias que cada viaje les ha dejado. Uno de estos tantos recuerdos es el que se grabó para siempre en la mente de Scott. Viajero por naturaleza, dejó su natal Inglaterra, en busca de nuevas aventuras que le hicieran sentir una serie de experiencias que a su edad cada vez más iban quedando en el pasado. Con sus cuarenta y cinco años a cuestas, ya conocía diversos países de los cinco continentes y sentía que aún le faltaban más por conocer, sin embargo, su salud ya no era la misma de la que tenia años atrás. El tiempo le pasaba factura. Semanalmente, conversaba con Martín, al cual conoció en uno de sus viajes, y en el que tras haber vivido varias experiencias juntas, la distancia no los separó nunca más. Gracias a este contacto, es que he podido conocer las aventuras que Andrew ha vivido a lo largo de todos estos años desde que dejó de manera definitiva la nación que lo vio nacer y se dedicó a descubrir nuevas formas de vida y de pensamiento de otras sociedades. Una de estas fue la que vivió hace menos de un año cuando viajo a Brasil por primera vez. Conocía Argentina, Chile y Perú, pero nunca había visitado tierras garotas. Esta era su primera vez y la emoción que tenía por llevar a cabo este viaje era tremenda. Cuando estaba en Buenos Aires iba a viajar a Río de Janeiro pero justo antes de realizar el viaje sucedió un contratiempo con su pasaporte y todo quedó en nada. Pasó el tiempo y la oportunidad se volvió a presentar. Esta vez su llegada a Río no tuvo ningún contratiempo y se instaló el un hotel céntrico listo para al día siguiente poder empezar a disfrutar de todas las maravillas que esta ciudad brasilera le ofrece a los extranjeros que la visitan. No obstante, hubo un problema cuando empezaron sus visitas a distintos lugares de la ciudad. Un inconveniente que lo había dejado pasar por alto debido a que creyó que lo que había aprendido de portugués de manera autodidacta le iba a servir para poder comunicarse si ningún problema con las personas que se cruzaran en su camino durante su periplo en tierras brasileras. El error lo pagó caro ya que iba casi una semana en Río y no había visitado una gran cantidad de lugares que la gran mayoría de turistas visita cuando viajan rumbo a esta ciudad. A lo sumo había estado en las clásicas y famosas playas de esta ciudad, aunque no se había podido comunicar con nadie debido al problema idiomático que vivía en esa época. Su viaje iba a durar casi tres meses así que tenía tiempo para poder aprender a hablar el portugués. Y eso fue justo lo que hizo. Lo logró gracias a la ayuda de dos amigos que conoció en una fiesta a la que fue para tratar de relajarse. Eran un colombiano y una brasilera. Ambos eran bilingües y manejaban el idioma inglés con suma facilidad y fluidez. Por eso, no hubo ningún inconveniente de carácter idiomático cuando charlaron en medio de la fiesta que se vivía en la discoteca en la que estaban divirtiéndose. Ambos le recomendaron que para superar el problema que estaba viviendo debía matricularse en algún curso de carácter intensivo para aprender el portugués. Le recomendaron varios institutos y dentro de todas estas propuestas, una fue la que a Andrew le pareció más conveniente. La decisión la tomó porque se parecía a la del instituto en el que estudió el italiano y el francés. En sí, manejaba estas dos lenguas a la perfección, junto a su idioma natal el inglés, y conocía algo de alemán y español. Pero casi nada del portugués, salvo lo que había estudiado de manera particular antes de viajar a Brasil. A las pocas semanas de haber comenzado sus clases logró manejar de manera básica esta lengua. El método que el instituto practicaba con sus alumnos surtió rápido efecto en él. La pronunciación no fue ningún problema en su aprendizaje y el aspecto gramatical del portugués lo aprendió gracias al material audiovisual que era utilizado de manera constante por los docentes. Su progreso permitió que ya pudiera desenvolverse con total tranquilidad en cualquier contexto y en cualquier lugar en donde tuviera que emplear el portugués. Esta experiencia lo marcó ya que era la primera vez que aprendía un idioma en otra nación. El resto de su viaje lo disfrutó al máximo junto a la compañía de sus nuevos amigos y pudo sentir de nuevo esa sensación que tanto añoraba y que se había quedado guardada en el pasado. Ese pasado que se volvió presente y que reactivó sus esperanzas en el futuro.